A propósito del largometraje «Evangelio mayor»

El filme Evangelio mayor trata del envejecimiento de las personas LGTBIQ+. Esto suele quedar en la sombra de las representaciones visuales, que prefieren modelos jóvenes y saludables. La exclusión se agudiza con lesbianas, gais, transexuales y otros disidentes sexuales, cuyas imágenes suelen ceñirse a un reducido conjunto de estereotipos.

Pero vejez o enfermedad (y el filme hace también memoria del sida) nos permiten a todos experimentar la fragilidad del cuerpo vivo y pensar luego los límites sociales y culturales que nos condicionan; además, edad y enfermedad ponen en juego la capacidad para enfrentar dichos límites, aspecto central de la creatividad humana.

A la representación de la diferencia de los cuerpos y sus comportamientos se une la relectura y reescritura de textos culturales y de los propios lenguajes artísticos. La revisión de textos bíblicos no tiene en esta obra valor religioso sino cultural, como restos de un pasado mítico que sobrevive ejerciendo violencia en las políticas del cuerpo actuales.

En 2017 contacté con la Fundación 26 de Diciembre. Le expuse mi proyecto a Federico Armenteros, presidente de la fundación, solicitando su colaboración para poder tratar con los usuarios e ir estableciendo de este modo las bases del trabajo. Federico se mostró abierto y facilitador, hasta el punto de participar como actor junto a su pareja Inocente Aguado.

La dificultad que suponía emprender un proceso largo de producción era principalmente económica, razón por la cual apenas pude avanzar durante más de un año, hasta que surgió la Convocatoria de producción de la Fundación “la Caixa”, gracias a la cual obtuve financiación para trabajar durante un periodo de dos años, entre 2019 y 2021.

El rodaje comenzó formalmente en febrero de 2019, pero antes ya habíamos contactado con futuros participantes e incluso habíamos grabado la manifestación del orgullo LGTBI de 2018 acompañando a personas que tiempo después se incorporaron al proyecto. Quienes conocen mi trayectoria saben que cuando uso el plural menciono a Julia Sieiro.

En una primera fase, nos dedicamos a conocer y tratar a distintos colectivos ubicados en la Fundación 26 de Diciembre o fuera de la misma. Esta labor de establecer contactos, dar a conocer nuestro proyecto e ir tratando a las personas no cesó a lo largo de los dos años, pero fue más intensa si cabe durante los primeros meses.

 

Fue muy interesante asistir a las reuniones del grupo de mujeres que se veían semanalmente en la Fundación. Lola  Flores, Yaneth Benedicta García y Alfonsa Vico, conocidas allí, fueron las primeras en colaborar activamente con nosotros en grabaciones de carácter tentativo, si bien algunas de aquellas pruebas han cabido en el montaje final.

 

Compartimos las “comidas de la abuela” de los domingos, que juntaban a un numeroso grupo de usurarios o amigos de la fundación. Fotografié a algunos de los comensales y llevamos a cabo alguna sesión de sobremesa proyectando ejemplos de mi obra, para explicar en lo posible mi manera de trabajar y lo que vislumbraba para este proyecto.

Grabamos las sesiones del taller Músicas memorables, impartido en la Fundación 26 de Diciembre por Christian Fernández Mirón, actividad financiada por Art for Change. Fuimos de excursión al El Rasillo de Cameros y Villanueva de Gumiel, lo que nos permitió conocer más a fondo a muchas personas y ensayar algunas filmaciones.

Grabamos las manifestaciones del Orgullo crítico de Madrid, tanto en 2019 como en 2020, así como la manifestación del 8M de 2020. Siempre acudimos acompañados de participantes en el proyecto e incluso llegamos a producir alguna escena con diálogos, aunque por distintas causas nada de esto permanece en la versión definitiva del filme.

La mayor parte de las grabaciones realizadas en 2019 no se sumaron al montaje, pues todavía no habíamos logrado una línea de trabajo definida, algo que afecta a mi propia necesidad de tantear pero también a las dificultades de los participantes para comprender un proyecto que se aparta de los modos comunes del audiovisual.

Nuestro proyecto requería trabajar con textos y figuras de la cultura (los evangelios) y esto resultaba extraño para muchos mayores que habían vivido estigmatizados por un catolicismo represor. El proceso para orientar la lectura de los textos resultó muy productivo y solo tras ese ejercicio conseguimos avanzar.

En este sentido, hay que señalar que, según pasaba el tiempo, el trabajo se iba centrando en un grupo más reducido de personas, aquellas que se mostraban más interesadas y dispuestas a dedicar tiempo y esfuerzo al proyecto, lo que me hace pensar que también disfrutaban más, en algún sentido subjetivo, de su participación.

Fue decisivo el encuentro con Eduardo Levaggi; su empeño por comprender nuestros planes y su implicación física y actoral han sido ejemplo para nosotros a lo largo del rodaje. Él nos animó a trabajar con Selena Luisa Lozano y ambos nos ayudaron a encontrar una vía de experimentación concreta y precisa.

Es importante advertir que no hubo un guión de partida. A pesar de que el contenido final de Evangelio mayor se corresponde con las ideas planteadas en un primer momento, la incertidumbre estuvo presente durante todo el proceso, así como una enorme flexibilidad para adaptarnos a las circunstancias de todo tipo que surgían.

Lo siguiente era construir fragmentos ficcionales, algo básicamente improvisado a partir de frases tomadas de los evangelios o de varios poetas. Encontrar la técnica y el tono adecuados, trabajando con actores no profesionales con los cuales, además, yo deseaba experimentar, llevó tiempo y es uno de los aspectos más interesantes del trabajo.

El proyecto requería, además, una componente documental o testimonial. Fuimos probando distintos acercamientos en el ámbito familiar, grabamos comidas festivas en casas o restaurantes, así como el arreglo de las lápidas en un cementerio el día de los difuntos, y también realizamos varias entrevistas convencionales.

Emprendimos dos viajes de rodaje: a Puertollano, pueblo natal de dos protagonistas, y a León, para grabar en un taller de enmarque una escena que interpreta la crucifixión. A sugerencia de Lola, grabamos un funeral por el padre de Janeth; y por sugerencia de Federico, dos velatorios de personas vinculadas a la Fundación 26 de Diciembre.

La mayoría de esos registros obtenidos que podemos llamar documentales carecían del peso suficiente para dotar al relato de un eje o solo contenían información. Aunque quiero aclarar que los cuerpos, las voces, los gestos e incluso los atuendos personales ya resultaban tan declarativos como los testimonios que se pudieran aportar.

Una de las preocupaciones principales desde el inicio era tratar el sida de un modo relevante, por su trascendencia entre la población LGTBI. Conviene recordar que las personas mayores del colectivo nos enfrentamos al sida en los peores momentos, al menos para países con economías similares a la nuestra, en las décadas del 80 y 90.

Nos reunimos con un grupo integrado por seropositivos que opera en la Fundación 26 de Diciembre y allí conocimos a Ramón Barreiro, superviviente del sida, que padeció todas sus complicaciones asociadas, incluyendo la ceguera resultante de una infección por citomegalovirus. Su testimonio resultó fundamental para compactar y orientar el relato.

La experiencia de Moncho como enfermo de sida en una época que estigmatizaba gravemente a los afectados, y su reacción a largo plazo, pone en escena la fragilidad pero también una rara fortaleza, pues en su caso se evidencia mucho más el empuje del eros que la quiebra palpable causada por la desgracia.

El relato de Evangelio mayor se tensa, de este modo, entre una voz que pone en escena su memoria, convertida en signo para sí misma pero también para otras muchas vidas, y unos juegos de representación donde un texto literario canónico (los evangelios) es encarnado y trastornado por cuerpos que siempre fueron rechazados por él.

Poco a poco comprendimos que el lugar más adecuado para nuestro rodaje era la residencia Josete Massa para mayores LGTBIQ+, primera residencia pública en su género en el mundo, gestionada por la Fundación 26 de Diciembre. El edificio en obras aportaba un escenario muy sugerente y versátil, que hemos investigado a fondo.

Las características de dicho espacio marcaron el trabajo en muchos sentidos: por su ubicación en el barrio madrileño de Villaverde Alto, que nos obligaba a desplazamientos largos de personas y materiales, por la incomodad del lugar y algunas limitaciones técnicas u horarias, aunque también por sus cualidades visuales, lumínicas y simbólicas.

La luz natural presente en cada momento inspiraba las acciones e incluso los contenidos de la puesta en escena. Las obras de reforma adquieren en el montaje un carácter fuerte, casi con entidad de personaje; como al inicio, cuando se alternan textos con planos de demoliciones. Y el trabajador voluntario Miguel Valoy devino un personaje fundamental.

Nuestro principal obstáculo fue el confinamiento de 2020. Sucedió cuando ya habíamos entrado en una fase fluida del rodaje. Tanto por su duración como por la distancia establecida entre todos nosotros, temimos perder la continuidad. No obstante, luego he pensado que aquel lapso también propició la maduración de nuestro proceso.

Entre el 9 de marzo y el 26 de junio estuvimos parados. Desde el 27 de junio hasta el 18 de octubre llevamos a cabo unas cuarenta sesiones de grabación. Y eso que muchas otras convocadas no llegaron a realizarse por dificultades de los participantes, viajes, enfermedades y un largo etcétera de imprevistos.

Evangelio mayor se construye en todos los sentidos sobre la búsqueda de oportunidades. Reaccionar a los imprevistos planteando alternativas y seguir las sugerencias que explícita o implícitamente venían de los participantes fue norma durante el rodaje, aunque también en el largo proceso de edición.

Ejemplos. El 12 de julio de 2020 grabamos con Moncho por vez primera. Una infección por covid-19 de su pareja y su propio cáncer de próstata, operado algo más tarde, le impidieron continuar. Le propuse que me enviara mensajes de voz que yo editaba para volver a usarlos en el rodaje desde los móviles de otros actores que los escuchaban.

Un audio de Moncho menciona el “efecto lázaro”, experimentado por enfermos que creían próxima su muerte pero lograron sobrevivir al sida con tratamientos combinados. Ello dio pie a la escena de la muerte de Lázaro y a hilvanar imágenes de situaciones reales, como velatorios o ritos fúnebres, que en el momento de ser grabadas carecían de acomodo.

Alberto Giménez es taquígrafo. Eso evoca una escritura antigua, por la forma arcaica y enigmática que los signos empleados en su trabajo adquieren para cualquiera que desconozca la taquigrafía. Podía asociarse a la figura del evangelista (a fin de cuentas: uno que anota lo que oye), por lo cual quedó identificado con San Juan.

Janeth nos mostró una fotografía realizada por su hijo Steven Ossa cuando estudiaba bellas artes en Colombia. La foto versiona el Cristo crucificado de Goya a partir de una modelo transexual. Por eso rodamos el enmarcado de la foto y su posterior ubicación en una pared del salón, lo cual desempeña en nuestro relato el asunto de la crucifixión.

Francisco Javier Ibáñez, mayor de cincuenta, cursa el último año de un grado en bellas artes. Nada más saberlo, le propuse que hiciera un dibujo mural en una de las paredes de la residencia. De este modo, el desnudo de Diego Dorado encontraba un lugar tópico como modelo y se lograban interesantes simetrías tanto visuales como conceptuales.

Felipe López, marido de Paco, es aficionado al folclore, y esto nos tentó para montar el baile de Salomé interpretado por él bajo la forma de una jota manchega. Emilio Rossomando pasaba frente a la pastelería La barra dulce (oficina oficiosa de producción) y un saludo bastó para comprometerlo. Alexia Prieto nos cedió su imagen por carta.

Fue muy estimulante asistir a la transformación de las actuaciones de nuestros amigos, algunos en sus primeras experiencias, aunque también hubo actores de amplia trayectoria, como Cristian César Franco. Y honramos la memoria de Carlos Jorge Martínez, Jesús Herrero, Olmedo García y miembros de la familia Flores Murillo.

Los personajes son inestables ya que priman los actores sobre la narración, pudiendo encarnar diversos papeles o cambiar de aspecto interpretando uno. La continuidad, por tanto, se asienta sobre cuerpos y personas más que sobre figuras dramáticas, de manera que personaje y texto sirven primeramente para representar la corporalidad del intérprete.

La inestabilidad es un rasgo característico de Evangelio mayor en todos los aspectos y, por supuesto, en la concepción de la identidad más allá del orden ficcional, pues desde ahí se desprende una concepción de la identidad sexual y de los roles que escapa de la parcelación de género, y no solo heterosexual.

El guión fue urdiéndose de manera empírica durante el montaje, partiendo de pequeños núcleos asociativos fundados por analogía y aumentando progresivamente el número de aquellos y su amplitud, lo que también fue desplazando fuera a tantos materiales que no encajaban de manera convincente en el conjunto.

La edición comenzó en octubre de 2020 y concluyó a finales de febrero de 2021. La postproducción de sonido se realizó a finales de febrero, y entre esa fecha y mediados de marzo, la postproducción de color. El filme quedó terminado justo a tiempo para la exposición Evangelio mayor, en el DA2 de Salamanca, abierta el 18 de marzo de 2021.

La banda sonora presentaba dificultades causadas por las tomas en locales con excesiva reverberación y contaminación acústica, por las alocuciones irregulares de los actores y por la integración de materiales rodados a lo largo de mucho tiempo. La postproducción y mezcla contó con Pedro Saavedra, nuestro editor de sonido habitual.

Me ocupé, asistido por Julia, de la edición y postproducción de imagen, que incluye abundantes efectos, algunos poco evidentes a primera vista. Y recurrimos a Benito Macías para la corrección de color. Estos servicios no estaban previstos pero, dadas las condiciones del rodaje, resultaron imprescindibles.

Mientras editaba compuse un texto que sirve para pensar los temas y objetos narrativos que estructuran Evangelio mayor. El texto, escrito en verso, articula el segmento inicial del montaje y se titula Ensayo. Aquí aparecen las referencias críticas y poéticas que fueron usadas, a menudo literalmente, en la representación.

La teóloga queer Marcella Althaus-Reid, el crítico Harold Bloom, Derek Jarman, los poetas Pier Paolo Pasolini, Gloria Gervitz, Garcilaso de la Vega, Olvido García Valdés, Eduardo Milán, Lèon-Gontran Damas y Manuel Olveira, junto a decenas de versículos de la Biblia, aparecen citados con precisión en los créditos del filme para subrayar su intertextualidad.

Una vez finalizado el proyecto según lo previsto, preparé dos obras más que no estaban contempladas inicialmente. De este modo quedó resuelto un conjunto de obras asociadas temáticamente, tal como he venido haciendo repetidas veces durante los últimos veinte años. Las obras nuevas son las siguientes:

1 Evangelio mayor: serie de 33 fotografías a partir de vídeo. El texto Ensayo, con una adenda y fragmentado en cuartetas, corre al pie de las 33 piezas. 2 Ensayo: instalación formada por una fotografía (aunque no procede del filme, su tema está relacionado) más el texto Ensayo distribuido a ambos lados de la foto, configurando un tríptico.

Doy importancia a los textos que en ocasiones escribo como una obra más entre un conjunto de piezas visuales, tal como ocurre en los proyectos Arcángel (2002), El monte perdido (2003), Los pies que faltan (2010), Ponte el cuerpo (2015) y otros. Libros de la resistencia publicó en 2020 Textos de obra, donde se recogen este tipo de escritos.

El equipo técnico de esta producción estuvo formado por mí como director, guionista, productor, cámara, iluminador y editor, acompañado por Julia Sieiro como sonidista, productora y ayudante de realización y edición. En algún momento se incorporó como sonidista Manuel Benedí y recibimos ayudas puntuales de varios técnicos o amigos.

Federico, Juan Carlos, Justo, Selena, Eduardo, Lola, Janeth, Miguel, Juan Marcelo, Moncho, Alberto, Diego, Viki, Paco, Emilio, Alexia, Ino, Felipe, Cristian, Issiaka, Francisco Javier – Carlos Jorge, Jesús – Isidora, Miguel Ángel, Gerardo, Antonio José, Arantxa, David William, María Vicenta, Brenda, Carlos Andrés, Clara.

Por orden de intervención – in memoriam – con la participación de – y la colaboración de al menos otras cuarenta personas con las que grabamos algunos planos e incluso sesiones completas sin que sus imágenes se incluyeran finalmente en la edición. Además de José Luis, Teresa, Tate, Carla, Vanessa y otras gentes que nos ayudaron en esta obra.

 

Javier Codesal  es un artista español, considerado como uno de los pioneros del videoarte en España. Es el autor de «Evangelio mayor».

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