Sobre la memoria de la destrucción y los archivos de los afectos.

Todo este proyecto, como muchas otras cosas que pasan, es solo producto de la casualidad.

Hacia principios de noviembre del año pasado andaba perdido en divagaciones sobre demoliciones, monumentos y muertes, y como siempre con la prisa de buscar una respuesta o una idea, para satisfacer a la insaciable hambre de producción de la escuela de arquitectura. Me he ido acostumbrando a hacer proyectos de arquitectura que me sirvan para calmar mis penas o sublimar mis dolores, y el año pasado había dejado ausencias que quería ahogar en mi trabajo.

Tuve mi primera cita con J, nunca he visto tanta niebla en Madrid, me recogió en Príncipe Pio y se perdió con el coche. No he vivido demasiadas apariciones en mi vida, pero ahí estaba, el monumento de Cristina lleno de flores y velas, pocos días después del aniversario de su fallecimiento. La luz disuelta en la niebla le daba un aire fantasmagórico, creo que en ese momento mi hipotálamo decidió enamorarse de J.

Al día siguiente apareció en Twitter la noticia de que habían desaparecido todos los objetos del monumento, se acusó al ayuntamiento, yo no tengo claro quién pudo limpiarlo. En aquel momento estaba aprendiendo a generar modelos 3d a partir de videos y fotos, la primera vez que usé esta técnica fue para regalar unas rosas que no se marchitasen, me arrepiento de no haber registrado el monumento cuando lo encontré esa noche.

Así surgió la idea, la necesidad o la motivación de volver en repetidas ocasiones al parque del Oeste. No todos los días que visité el monumento lo registré, algunas por prisa, otras por no molestar a quienes estaban visitándolo. Pude ir viendo con las visitas como aparecían y desaparecían los objetos y las pintadas y estas quedaban registrados en mi ordenador. Restituyeron la placa. Nevó sobre el parque del Oeste.

Creo que hablar de la metáfora de un fuego que se mantiene es un lugar fácil al que acudir para resumir mis conclusiones de este trabajo académico. Sobre el monumento se ejercen dos fuerzas contradictorias, una de erosión, limpieza y destrucción generada quizás por el odio y otra de mantenimiento y construcción a partir de un afecto compartido. El trabajo constante por cuidar el monumento me pareció conmovedor.

El proyecto no termina, he descubierto a los arquitectos como cronistas, se van acumulando al archivo más capas, no sé si autocalificar el proyecto de neoimpresionismo emocional. Después de los actos vandálicos del mes pasado, es evidente que la historia de este objeto no ha terminado, quedan aún más instantáneas por registrarse.

Como la construcción del monumento es colectiva –solo he sido un observador casual– no considero que pueda hablar de propiedad o autoría del proyecto. Por estas mismas razones quise producir unas láminas, pero no lucrarme con ellas, compartir mi trabajo con quien quiera apreciarlo a cambio de donar los beneficios a la Fundación 26 de Diciembre.

Se me conoce como juan o @_ujna, estoy terminando de estudiar arquitectura y a veces me intento dedicar al arte digital, en las investigaciones que he hecho a lo largo de la carrera siempre he intentado compaginar mi producción con aspectos identitarios LGBT.

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