Breves reflexiones respecto a la izquierda y la disidencia sexual y de género en el 2021

La historia entre las luchas y las reivindicaciones de la comunidad LGTB y el mundo de la izquierda traza una línea progresiva hacia una alianza cada vez más estrecha, con una dinámica cíclica interna con épocas de rechazo visceral por parte de marxistas y anarquistas, y con épocas de unidad profunda con el objetivo compartido de cambiar el sistema político y económico vigente. La obra Invertidos y Rompepatrias. Marxismo, anarquismo y desobediencia sexual y de género en el estado español (1868-1982) es un intento muy documentado y exhaustivo de arrojar luz a cómo ha sido esta interacción abarcando algunos de los años clave de los cambios políticos de la historia española contemporánea. Desde los momentos de absoluta invisibilización y patologización en los albores y comienzos del siglo XX, pasando por la pequeña apertura en la era republicana, el alejamiento táctico durante la mayor parte del franquismo, y las políticas aliancistas que surgen durante toda la Transición y hasta nuestros días. Así ha sido a grandes rasgos y con multitud de excepciones la actitud del mundo de la izquierda frente a las disidencias sexuales y de género.

Cuando publicamos este libro, en octubre de 2019, aún no era tan visible la deriva que ciertos grupos de izquierda estaban fraguando hacia la realización abierta de políticas contrarias a amplios entornos de la comunidad LGTB. En este último año hemos visto a personas autodenominadas de izquierda, ya se digan feministas, socialistas o comunistas, proponiendo recortar o directamente impedir leyes que pretenden beneficiar a gran parte de la comunidad Trans, desenterrando discursos altamente tránsfobos, o resucitando el fantasma de la degeneración y la pederastia que siempre han pertenecido al estigma que vivimos muchas de las personas ajenas a la heteronorma. En mi entorno jugamos a adivinar si alguna de estas declaraciones es de feministas transexcluyentes, de marxistas anti-posmodernos o de cargos políticos de ultraderecha.

La historia nos muestra que la transfobia ha sido una constante desde la izquierda, ya sea protagonizando agresiones físicas, criticando la aparición de travestis y de gente con mucha pluma en la prensa el día siguiente de las manifestaciones, o directamente invisibilizando lo trans en sus discursos. Pero también nos muestra que entornos de izquierda muy radical, como marxistas radicales o colectivos anarquistas contraculturales, con sus claros y oscuros, fueron un claro apoyo a las personas trans en épocas en las que ningún otro grupo social, incluso cuando ni los propios frentes de liberación gay las apoyaban, como en los años 70 y 80. Una vez la ley de peligrosidad social y ciertos artículos del código penal se reformaron, entre 1979 y 1981, gran parte del movimiento homosexual lo celebró como una victoria colectiva, olvidando que otras leyes y artículos, sobre escándalo público o contra a la prostitución, afectaban a gran parte de la comunidad ‘gay’, en especial la más pobre, emigrante y menos adecuada al género asignado al nacer. Una constante que a día de hoy vemos repetida, con propuestas que excluyen la “T” de las siglas LGTB, obvian el racismo en sus discursos o con políticas vendidas como feministas que criminalizan la prostitución voluntaria y exponen a las trabajadoras sexuales, cis y trans, a mayor violencia social, policial y administrativa.

Más que ser un libro académico, con Invertidos y Rompepatrias intenté generar una guía histórica que sirva a las personas que actualmente seguimos en la lucha a conocer nuestro pasado para aprender de él y, entre otras cosas, para procurar evitar errores que no deberían volver a repetirse. Porque “para saber dónde vamos, hay que saber de dónde venimos”.

Piro Subrat lleva desde hace más de diez años investigando las relaciones que se han dado entre los entornos de izquierda y las disidencias sexuales y de género en el estado español en el último siglo y medio, a la vez que ha estado involucrado en activismos asociados a ambos mundos y ha estado involucrado en proyectos de memoria histórica y archivos. De sus estudios nace su obra ‘Invertidos y Rompepatrias’, citada en el texto. Desde hace unos años desarrolla estas labores en la ciudad de Valencia.

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