Las etiquetas importan

Aspiramos a un mundo en el que no haya distinciones entre unos y otros, en el que la diversidad sea considerada por todos como lo que es, algo intrínseco a la condición humana. Pero mientras esto llega, e incluso una vez que alcancemos ese día, será necesario, importante y valioso visibilizar las siglas LGTBI. El campo de la cultura, el de la creatividad y la creación artística, puede y debe ser punta de lanza de ello. Porque es reflejo de la complejidad de nuestra sociedad y también porque, en muchas ocasiones, es el escenario en el que innovamos y evolucionamos a nivel individual y colectivo.

La literatura, las artes plásticas y escénicas o la música son los lugares, los lenguajes y las coordenadas en las que, en muchas ocasiones, manifestamos actitudes y pensamientos quizás nunca antes formulados, y ofrecemos respuestas a circunstancias que nos afectan e importan. Motivo por el que les debemos una doble atención. Como ejercicio de visión de futuro, hacia dónde vamos, qué asuntos debemos resolver. Pero también cuáles son los que nos preocupan y exigen que actuemos ya mismo.

Entre estos está el hecho de que ser LGTBI sigue siendo una condena en muchos lugares del mundo, y una circunstancia no considerada como corresponde por algunas instituciones de nuestro sistema democrático, e incluso vejada por quienes ocupan o aspiran a posiciones de poder político, social y económico, y como eco y espejo de ellos, por demasiados de nuestros conciudadanos. Aunque es cierto que hoy estamos mejor que ayer, no basta con lo conseguido. Aún queda otro tanto por alcanzar y nos encontramos en un momento en que existe el riesgo de que dejemos de avanzar y progresar, por lo que no hay que dejar de ser activistas y visibles.

Cada uno elige su manera de hacerlo. El proceder con el que se siente más cómodo en función de su tempo interno, sus circunstancias y sus recursos. Hay quien tiene el impulso de salir a la calle con una bandera, quien colabora con una organización del tercer sector o quien en su día a día explicita sin justificarse ni explicarse. Yo soy de estos últimos, pero también tengo mi punto de los anteriores, en el pasado colaboré con diversas entidades y recuerdo con mucho orgullo la primera manifestación tras cuya pancarta me coloqué hace 25 años, casi nada.

Señalo mi condición LGTB si lo considero política o socialmente necesario, cuando hay que reivindicar, exigir o defender. En las demás circunstancias del día a día no me presento como LGTB, dejo que sean los demás quienes me coloquen la etiqueta. Lo que manifiesta el sentido con el que suele ser aplicada. Con el fin de diferenciar y separar. Una distancia desde la que me reivindico haciendo presente lo que veo, vivo y siento, el modo en que actúo, pienso y deseo, las personas que me emocionan, las situaciones que me atraen y los sueños que ilusiono alcanzar.

Todo aquello que me hace ser quién y cómo soy, un todo del que forma parte mi naturaleza LGTB. Algo intrínseco y nuclear, transversal, que no responde a causas ni motivaciones, que soy, sin más. Y que sigue estando condicionado por el hecho de cómo es observado, calificado y respondido. Algo que he comprobado, una vez más, con los comentarios recibidos a raíz de Animias, recuerdos y otros imposibles. Más allá de la legítima y personalísima valoración positiva, neutra o negativa de su calidad literaria, resulta muy curioso escuchar la respuesta que provoca el hecho de que muchas de sus historias estén protagonizadas por hombres que se relacionan afectiva y sexualmente con otros hombres.

Hay a quien le ha bastado esto para que no le gustara y quien ha separado la impresión positiva que le causaba mi prosa de lo delicado de los asuntos tratados. También quien se ha sorprendido de que no señalara este enfoque y que luego estuviera tan presente en sus páginas. No voy a contrarrestar esto con las interrogaciones retóricas que ya nos sabemos sobre el rodillo absolutista de las convenciones heteropatriarcales. Lo que queda claro, es que queda mucho por conseguir y que para ello contamos con medios como la reivindicación política, el desarrollo normativo y la protección de la justicia, pero también con la pedagogía que implica la visibilidad.

En este sentido, todo ayuda, una canción, un dibujo, una obra de teatro o una novela. No dejemos de crear y de compartir, de escuchar, mirar y leer, de utilizar esta vía para visibilizar la diversidad, así como para denunciar los ataques que sufre y ofrecer y encontrar referentes LGTB que hagan más empática y sensible tanto a nuestra sociedad como a la particularidad de todos y cada uno de sus individuos. La experiencia artística y la conexión cultural, el proceso de comunicación entre creador y lector, oyente y espectador, es una de las situaciones más íntimas que podemos provocar y vivir. Sigamos buscándolas y valiéndonos de ellas para manifestarnos, encontrarnos y proyectarnos hacia el futuro en el que deseamos vivir y convivir.

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