Los ojos de un gruyer. Por Castro Lago

La literatura es un juego. Cuando era niño me gustaba sentarme y, como si fuera el tablero de un juego de mesa, creaba historias que ya bien escribía o bien me conformaba con montar únicamente en mi imaginación. Lo de entender que uno es escritor llega más tarde, lo de que a uno lo vean como escritor, a veces ni llega, o cuando llega, a uno le resulta un traje demasiado grande. Lo que más me gusta de jugar con la literatura —me refiero a escribir y no a leer, que es otro juego y también literario— consiste en encontrar las obsesiones que me acechan, esos oscuros y misteriosos agujeros de gusano que han ido perforándose —como en los quesos— y continúan haciéndolo a medida que uno surca la vida.

Estos ojos —como se llaman esos agujeros del queso y no hay mejor metáfora que esos ojos internos dentro de nosotros— van descubriéndose cuando uno lleva escritas muchas historias o no tantas pero extensas, porque cuando uno escribe deja abierto el grifo de sus fobias y de sus filias y sin que lo sepamos se van pegando a las teclas, al papel, a las notas que uno toma… y con el tiempo descubre esas obsesiones que hacen que uno sea uno y sus circunstancias, uno y sus personajes.

Cuando comencé a concebir los personajes para Amantes, poetas, víctimas y otros infelices (Talentura, 2019), tenía claro que los personajes formaban un microuniverso —llamémoslo barrio—, pero solo cuando el libro estaba ya bocetado me sorprendí de que todos ellos guardaban secretos, secretos a veces insignificantes pero que les afectaban como si ocultasen hechos tan serios como una identidad falsa o un asesinato.

En cobardes, siete relatos sobre gente como tú y como yo (Talentura, 2020) el proceso fue a la inversa, primero decidí sobre qué rasgo quería escribir y el proceso fue distinto (la literatura es un juego y hay que cambiar los tableros y las normas frecuentemente). Coloqué a los personajes en los primeros párrafos de cada relato en una situación que no era especialmente incómoda, pero que por algún motivo, a estos personajes les tenía que perturbar por falta de habilidades para enfrentarse a ellas o por no saber gestionar unas emociones corrientes: el reencuentro de dos antiguas compañeras de instituto; un padre que regala un insecto palo a su hija en contra de la voluntad de su madre; la primera visita de una niña a un ginecólogo… Y dejé que esos personajes crecieran en mi imaginación: todos se fueron convirtiendo en unos cobardes. Pero su cobardía era una cobardía cotidiana.

Todos nos lanzaríamos a un río a salvar a un niño que se cae, pero parece que es más complicado pedirle a alguien que no te llame más porque le aburres; explicar que habías dejado a tu novio justo antes de morirse; que eres incapaz de mostrar enfado ante un desprecio… Y cuanto más pretendemos ocultarlo, cuanto más tiempo dejamos pasar, la cobardía se convierte en una mochila enorme que se adhiere más a nosotros.

Ahora que está a punto de poblar estanterías La cuenta atrás de Justo Galeno y otros relatos (Editorial Fagus, 2022) para el que he seleccionado relatos premiados o inéditos de estos últimos 20 años, encuentro también en ellos mis agujeros de gusano, mis ojos interiores: la gestión deficiente de los secretos, las cobardías cotidianas, las carencias de expresión en la manifestación del amor… Y también temas que siempre están ahí: el arte, la literatura, la música, las cartas, los finales tristes y alguno feliz (pero no mucho).

Me imagino a mis secretos, mis filias y mis fobias recorriendo y escurriéndose por los ojos de gruyer de mi interior, chocando mi fobia a los guisantes contra un verso que me encanta de Cernuda, mezclándose mi miedo a ser despreciado con la excitación que siento por los cuadros de Eloy Morales, el recuerdo de una pelea en el colegio con el placer de andar sin rumbo por una ciudad, la cobardía cuando callé y no me defendí ante las palabras de desprecio de una compañera y el sosiego ante la música al piano de Jean-Michael Blais. Todas esas colisiones son los tableros de juego que nacen en los ojos de un gruyer.

El autor Jesús Feliciano Castro Lago va a presentar su libro Amantes, poetas, víctimas y otros infelicesen la Fundación el próximo miércoles 27 de mayo y nos ha cedido 4 capítulos del libro para que puedas leerlo antes de venir a la actividad, de manera que el día de la presentación, reflexionemos en torno a la lectura, con el autor presente.

Si vas a asistir al encuentro y quieres leer el fragmento contáctanos a través del Teléfono (whatsapp) 640890757 o envíanos un correo a socializacion@fundacion26d.org

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