Memoria con orgullo, orgullo con memoria

memoria con orgullo

Hablar de Federico García Lorca es hablar de silencio, es hablar de olvido y es hablar de prohibición. Durante todos estos años nos han ocultado quién era Federico y nos han escondido su verdadero ser en el más oscuro de los armarios.

Solo nos cuentan una parte de lo que era, nos enseñan una sola cara de la moneda.  Lo que nos cuentan es que era un gran escritor, un gran poeta, dramaturgo, referente de una de las generaciones literarias más proliferas de nuestro país, la del 27.

Pero lo que no nos cuentan es la verdad sobre su vida personal y su condición sexual. Esta parte del ser de Federico no debía trascender. Había que callarlo y encerrarlo con siete candados y tirar la llave mar. Es lo que había que hacer en una España de buenas costumbre y de como Dios manda.

Nos robaron así, una parte de Federico, uno de los que podía haber sido uno de nuestros referentes. Pero nos lo quitaron y hemos crecido sin conocerle. Nos robaron a él y a su esencia. También nos robaron llorarle. Nos robaron despedirle y recordarle con dignidad y orgullo. Nos engañaron con el silencio, con ese mismo silencio que él tuvo que sentir cuando le mataron.

Fue una muerte que nos mató a todos y a todas con él: “Estos maricones no tienen derecho a vivir”. Una muerte que nos ha llevado a esta horfandad que nos ha dejado mal trechos, sin poder proyectar su orgullo y transmitirnos de generación en generación su verdadero legado.

Una muerte y una vida que nos ha ocultado su inspiración, su arte, sus amores y desamores, su vida cotidiana, y la parte del todo que sin la parte es nada.

feder

Sí que nos dejaron algunas migajas como determinadas cercanías, por ejemplo: “que si era muy amigo de Dalí”, como con miedo al amor y nombrando la único posibilidad que cabía pensar en aquellos entonces: la amistad entre caballeros.

No existía más que la amistad, no había nombre ni lugar para el amor entre hombres. Era una enfermedad que no tenía cura. Costó mucho visibilizarlo y nombrarlo: Federico era homosexual. Por aquellos entonces que vivía Federico, él sería un enfermo. Hasta 1990 no se despatologiza la homosexualidad por la Organización Mundial de Salud, así que ni él ni muchos otros de sus tiempos llegaron a ser nombrados como gays ni como maricones ni como nada que visibilizase ese amor. Cuando dejaron de llamarnos enfermos, comenzaron a llamarnos maricones, como forma de insulto. Pero nos hicimos fuertes, nos empoderamos del insulto y le dimos una vuelta con orgullo. Ahora algunos nos nombramos así orgullosos de nuestro empoderamiento de aquellos años. También gays, homosexuales, ya nos nombramos y visibilizamos.

Pero la comunidad LGTB seguimos con asignaturas pendientes, y una de ellas es apoderarnos de nuestra historia, reconocer a los nuestros y colocar a nuestros antepasados  en el sitio que les corresponde. Colocarnos a todos nosotros y nosotras también. Nombrar a Federico como fue, como gay. Reconocer lo que le hizo diferente en su época y en su vida.

Federico, tú ya eres uno de los nuestros. Te hacemos este homenaje como gay, como homosexual, porque es importante visibilizarte como tal. En unas horas nos manifestaremos por nuestros derechos, por nuestra  memoria, por el recuerdo de todos nuestros antepasados que lucharon por ser libres y por vivir con dignidad y orgullo. Por el recuerdo de las personas de Stonewall. Nos manifestaremos pro vosotros, luchadores, y por nuestro presente. Por los que ya no pueden, por los que ya no están, por nuestros compañeros de Orlando.

Nos manifestaremos por vosotros, los olvidados de nuestra historia, hombre y mujeres que fueron torturados, asesinados, encarcelados y psiquiatrizados, y nos unimos a vuestra lucha por un mundo más decente, diverso y feliz.

Te hacemos la ofrenda de las flores como agradecimiento por haber vivido y esperamos repetirlo, instaurarlo, institucionalizarlo. Hacerlo oficial, como tú te mereces. Conseguir  que tú recuerdo. Federico, siga siempre vivo.

Y como dirías ahora, utilizamos uno de tus versos para decir lo que tú querrías, lo que tenías reprimido, lo que ocultaron:

Y que yo me lo llevé al río

creyendo que era mozuelo,

pero tenía marido

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