Nuestro legado: la Revolución Internacional del Amor

Cuando la celebración del Orgullo empezó a normalizarse, siempre surgía la misma pregunta: “¿De verdad hay algo de lo que sentir orgullo? Si es normal…” Siempre que alguien me hacía este comentario, respondía lo mismo: “me siento orgulloso de ser visible y de haber luchado en las muy duras para poder serlo.”

Hubo un tiempo en el que las leyes eran sinónimo de prisión, tortura y psiquiatralización. Aun así, salimos a nuestras calles cogidxs de la mano, sin renunciar a nuestra identidad ni a nuestro derecho amar y a desear. Y, además, lo hacíamos con la cultura que habíamos creado en los márgenes en los que nosotrxs éramos nosotrxs y punto.

Y, oye, qué bonita cultura. Porque aprendimos a saltar, a bailar, a cantar con todo nuestro ser, al mismo tiempo que nos juntábamos para crear un colectivo más fuerte que una dictadura, que una transición que seguía castigándonos o convirtiéndonos en bufones de la corte; más fuerte que las habladurías; que el rechazado de nuestras familias…

Porque teníamos el poder más incuestionable del mundo: el de la razón.

Por eso, sí, por eso, nuestra comunidad es una, seamos de San Francisco, Pekín o una  de aldea de 25 habitantes de cualquier provincia de España. Hemos sabido tejer ese lazo invisible con todos los colores del arcoiris, acompañándonos sin conocernos. 

Ese es nuestro legado, compñerxs, que incluso quien hoy se esconde en su “derecho a la vida privada”, tiene la seguridad de que, salga o no salga del armario, está protegidx por un abrazo cálido de comprensión que ni la paliza más brutal ha podido quebrar.

Somos la alegría, la herida, el orgullo, el amor en carne viva. Una red sólida y acogedora inmortal. Así que sonreímos con cada poro de nuestra piel cuando compartimos foros y fiestas con jóvenes cuyos ojos están libres de miedo y llenos de ganas de seguir transformando, uniendo. 

Hemos construido un presente que nos ampara legalmente y que se mantiene de pie con la conciencia de que somos todxs para unx, dentro o fuera del armario. La ternura, la firmeza, el amor, el sexo libre es nuestro legado.

Estamos orgullosxs, claro, ¿Cómo no lo íbamos a estar si hemos hecho la revolución internacional del amor, a pesar de la cruel violencia que hemos recibido?

Este año y todos los que nos quedan por amar, desear y vivir, salgamos a reivindicar nuestro legado.

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