Reivindicar tu mundo

selfie multicolor y blanco y negro

La reivindicación de tu ser es un hecho revolucionario en sí mismo para una persona no heterosexual. El hecho de ser diferente en una sociedad heteronormativa, implica un ejercicio de valentía por el cual a veces se paga un precio alto: La soledad.

Desde la más tierna infancia vivimos inmersos en la sociedad que nos separa por colores (azul niño/rosa niña), por actividades (fútbol y coches niño/muñecas y cocinitas niña) y por patrones de conducta y sentimientos que están “diseñados” para unos u otros según la herencia cultural de la sociedad. Nacemos libres y limpios de todo prejuicio, pero es el entorno quién nos dicta una serie de normas que debemos acatar sin cuestionarlas. Sin más. 

Esta serie de normas creadas y aceptadas en la sociedad buscan como único objetivo la homogenización de la misma, la igualdad en el continente obviando el contenido. ¿Puede haber algo más antinatural? La respuesta es NO. Y es aquí donde una persona LGTBI comienza a darse cuenta que no puede ser, que algo no encaja, que algo no está bien. Lo más sencillo es siempre pensar que lo que no funciona es uno mismo, todos o casi todos caemos en esa trampa.

Comienza entonces el proceso al que yo llamo “construcción de tu capullo”, ese lugar en el que te aislas y proteges de las agresiones de la heteronormalidad. Todo se inicia, en un alto número de casos, desde la propia familia, en esos comentarios de tus hermanos y/o padre, que ridiculizan o abiertamente insultan a los componentes de una carroza en el orgullo LGTBI. Tú, como niño que eres, no ves nada malo en esas personas, es más, parece que están disfrutando y están pasándolo en grande. Parece una fiesta incluso. ¿Por qué mis hermanos/ padre o madre se refieren a ellos con esa saña si no están haciendo nada malo? No entiendes como tus modelos a seguir escupen veneno hacia unas personas que no están haciendo absolutamente nada dañino. “No lo entiendo. No encajo”, una vuelta más de hilo en la construcción de tu capullo protector. Y es que la familia es el modelo a seguir, siempre está en posesión de la verdad y son los encargados de protegerte y cuidarte. De enseñarte lo que está bien y lo que está mal. Craso error.

Durante años sigues construyendo ese capullo a base de miedo y duda, porque tus amigos encajan y a ti no te dice nada su conducta social impoluta (o impoluta para la sociedad en la que vives). Llega pues el momento en el que tu capullo se transforma en coraza y de coraza se transforma en una tumba. Hola soledad.  Es la hora de iniciar tu proceso de reivindicación de tu ser y, como Uma Thurman en “Kill Bill”, saltar la lápida de tu tumba de una patada ante los amigos, la familia, los compañeros de trabajo… Ante la sociedad. Tu mundo es tan válido como todos los mundos que conforman este ecosistema humano. Ante la perniciosa homogenización que se nos pretende imponer artificialmente naturalidad y reivindicación.



Gijón a 28 de mayo de 2020

Ángel Álvarez Rodríguez.

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