La Fundación 26 de Diciembre, tanto el equipo técnico, colaboradoras,
voluntariado, patronato y el presidente, agradece a Javier Ambrosi y a Javier
Calvo por darnos la oportunidad de ver y disfrutar “La Bola Negra”.
Hoy no estamos aquí únicamente para dar las gracias y presentar una película,
estamos también para reivindicar nuestra memoria. Porque durante demasiado
tiempo nos quisieron convencer de que nuestras historias no merecían ser
contadas, que nuestros amores debían permanecer ocultos, que nuestras
familias debían construirse en silencio, que nuestras vidas tenían que
transcurrir en la oscuridad.
Y hubo quienes tuvieron que pagar un precio enorme por ser quienes eran.
“La Bola Negra” nos coloca precisamente frente a esa memoria incómoda.
Frente a una sociedad que durante décadas decidió quién podía amar, cómo
debía vivir y qué vidas podían mostrarse y cuáles tenían que permanecer
escondidas.
Durante mucho tiempo tuvimos que aprender a “Bailar con lobos” y que estos
no nos comieran las entrañas y, por eso, esta película importa; importa porque
la memoria LGTBIQ+ también es memoria democrática.
Importa porque no podemos permitir que las nuevas generaciones crean que
los derechos que hoy disfrutamos fueron un regalo y que no fueron conquistados.
Los conquistaron personas que se enfrentaron a la policía, a los tribunales, a
sus familiares, a sus trabajos, a la iglesia, a la enfermedad, al estigma, y a una
sociedad que muchas veces les señaló simplemente por amar de otra manera.
Entre esas personas están las personas mayores LGTBIQ+, personas que
aprendieron a sobrevivir antes de aprender a ser felices.
No queremos una memoria LGTBIQ+ escondida en los archivos, queremos una
memoria viva, una memoria que esté en nuestras escuelas, en nuestras
universidades, en nuestras instituciones, en nuestros centros de mayores o
residencias, en nuestras calles. Porque un país que olvida a quienes lucharon
por sus derechos corre el riesgo de volver a perderlos. Y hoy, cuando volvemos
a escuchar discursos que cuestionan nuestras libertades, cuando vuelven los
insultos, cuando vuelven las agresiones y cuando algunos pretenden convertir
nuestros derechos en una batalla política, recordar se convierte también en una
forma de resistencia.
“La Bola Negra” habla de otras vidas, de otros tiempos, de otras circunstancias,
pero también habla de nosotres, de lo que fuimos, de lo que somos, y de la que
aún nos queda por conquistar.
Así que os invito a verla con emoción, pero también con memoria, porque
detrás de cada historia que hoy podemos contar públicamente hubo alguien
que en otro tiempo tuvo que callar.
Y cuando una historia en el cine activa recuerdos, sensaciones y emociones
intensas, estas no desaparecen cuando acaba la película.
Que nadie tenga que esconderse para amar y ser amado, que nadie tenga que
dejar de ser quien es para pertenecer y que nunca más falte una mano para
sostenernos, porque nuestra lucha también es construir un mundo donde
podamos vivir, amar y ser felices sin miedo. Aquí cabemos todes o no
cabe ni Dios.
Personalmente, no creo que haya ningún infierno más allá de esta vida. En
cambio, sí creo que hay una gran variedad de infiernos que las personas crean
para sí mismos y para otros.
Juanjo Argüello.
Presidente de la Fundación 26 de Diciembre.
voluntariado, patronato y el presidente, agradece a Javier Ambrosi y a Javier
Calvo por darnos la oportunidad de ver y disfrutar “La Bola Negra”.
Hoy no estamos aquí únicamente para dar las gracias y presentar una película,
estamos también para reivindicar nuestra memoria. Porque durante demasiado
tiempo nos quisieron convencer de que nuestras historias no merecían ser
contadas, que nuestros amores debían permanecer ocultos, que nuestras
familias debían construirse en silencio, que nuestras vidas tenían que
transcurrir en la oscuridad.
Y hubo quienes tuvieron que pagar un precio enorme por ser quienes eran.
“La Bola Negra” nos coloca precisamente frente a esa memoria incómoda.
Frente a una sociedad que durante décadas decidió quién podía amar, cómo
debía vivir y qué vidas podían mostrarse y cuáles tenían que permanecer
escondidas.
Durante mucho tiempo tuvimos que aprender a “Bailar con lobos” y que estos
no nos comieran las entrañas y, por eso, esta película importa; importa porque
la memoria LGTBIQ+ también es memoria democrática.
Importa porque no podemos permitir que las nuevas generaciones crean que
los derechos que hoy disfrutamos fueron un regalo y que no fueron conquistados.
Los conquistaron personas que se enfrentaron a la policía, a los tribunales, a
sus familiares, a sus trabajos, a la iglesia, a la enfermedad, al estigma, y a una
sociedad que muchas veces les señaló simplemente por amar de otra manera.
Entre esas personas están las personas mayores LGTBIQ+, personas que
aprendieron a sobrevivir antes de aprender a ser felices.
No queremos una memoria LGTBIQ+ escondida en los archivos, queremos una
memoria viva, una memoria que esté en nuestras escuelas, en nuestras
universidades, en nuestras instituciones, en nuestros centros de mayores o
residencias, en nuestras calles. Porque un país que olvida a quienes lucharon
por sus derechos corre el riesgo de volver a perderlos. Y hoy, cuando volvemos
a escuchar discursos que cuestionan nuestras libertades, cuando vuelven los
insultos, cuando vuelven las agresiones y cuando algunos pretenden convertir
nuestros derechos en una batalla política, recordar se convierte también en una
forma de resistencia.
“La Bola Negra” habla de otras vidas, de otros tiempos, de otras circunstancias,
pero también habla de nosotres, de lo que fuimos, de lo que somos, y de la que
aún nos queda por conquistar.
Así que os invito a verla con emoción, pero también con memoria, porque
detrás de cada historia que hoy podemos contar públicamente hubo alguien
que en otro tiempo tuvo que callar.
Y cuando una historia en el cine activa recuerdos, sensaciones y emociones
intensas, estas no desaparecen cuando acaba la película.
Que nadie tenga que esconderse para amar y ser amado, que nadie tenga que
dejar de ser quien es para pertenecer y que nunca más falte una mano para
sostenernos, porque nuestra lucha también es construir un mundo donde
podamos vivir, amar y ser felices sin miedo. Aquí cabemos todes o no
cabe ni Dios.
Personalmente, no creo que haya ningún infierno más allá de esta vida. En
cambio, sí creo que hay una gran variedad de infiernos que las personas crean
para sí mismos y para otros.
Juanjo Argüello.
Presidente de la Fundación 26 de Diciembre.